Relato Corto “Un Verano Misterioso” por Mirada Intensa

En los primeros días de Junio empezamos a sudar el verano. Fue un verano imperativo que se alejó hasta Octubre y dejó el suelo de los campos cuarteado y lijo, y el asfalto caldoso de brea antigua, y los árboles lánguidos, y los hombres faltos de ganas y juicio. Hasta mediar la estación agradecimos la implacable justicia solar que compensaba la escasa primavera que nos había dejado el invierno.

Entonces ya habíamos comprendido que aquel era un verano extraño. Allá por el mes de Agosto nuestras miradas se dirigieron a menudo al corredor de las tormentas, pero los hilachos de nubes holgazanas que se paseaban por él eran una burla que irritaba a los más y preocupaba a los viejos.

El primer cadáver apareció en el sueño de un extraño, un forastero de los que gustan de husmear costumbres de pueblo ajeno. El hombre hizo un relato impreciso al oído de unos cuantos vecinos, mientras desayunaba en la pensión. “Pueden creerme si les digo que jamás sentí nada igual. Era la imagen de una fantasía vestida de mujer, inaprensible a mis sentidos y tan cercana”. La vio tendida, todopoderosa sobre la esencia, sobre la realidad, pero muerta ya, diluyéndose en la sustancia de lo cotidiano.

Agustín, el más soñador de los ancianos, hizo un rictus de preocupación al escuchar aquel relato del estranjero. Tuvo una premonición: alguien querido había perdido. O tal vez, nos estaba engañando para que estuviéramos admirando sus relatos.

Aunque desde ese día, todos nos apresuramos sobre lo efímero. Cesaron las canciones de cuna que las madres dedicaban a los críos, los bellos relatos de dragones y caballeros, de duendes y princesas. Nadie recordaba ya esas historias, que sostenían, que siempre era necesaria una ilusión. Se apagó el ánimo y la fábula. Sólo quedó la realidad…

El segundo cadáver nunca apareció, pero lo intuyó el porquero. Los cerdos llevaban días hocicando en el mismo lodazal teñido de sangre fresca, y sobre la superficie del charco de orines se reflejaba nítida la imagen de un niño, casi se diría de un ángel, sorprendido por la brutalidad.

Esta vez Agustín, siempre tan inocente, sintió una punzada de auténtico dolor, como si le arrancaran sus más hermosos años.

Ya no hubo más risas ni llantos en la plaza, ni correrías ni juegos, ni pelotas ni aros. Los niños se mecían adormilados a la sombra, sobre las hamacas, con la cara agria y la mirada huidiza. Los adultos comenzaron a mirarse con temor, a buscar en cualquier gesto ajeno una amenaza, una excusa para la pelea.

Del tercer cadáver vimos la sombra gigantesca de su alma cruzar veloz el pueblo y, tras ella, infinidad de pequeñas formas, algunas reconocibles, que se apresuraban a escapar de las casas como volutas de un humo denso al que arrastraba el tórrido viento del sur. Todavía hubo quien vio alzarse en la distancia el perfil de la joven imagen del espíritu de la víctima, pescando en el río tiempo atrás.

Y Agustín, se quedó con cara de asombro. Sus explicaciones se quedaron vacías, pero a la vez con algo de lógica: alguien se estaba ensañándose con gente del pueblo, como el sol distribuyendo sus calurosos rayos ante nosotros.

Desde entonces, nadie paseó por la alameda, ni sintió nostalgia, ni fue capaz de rememorar una caricia.  O la figura difusa del organillero que amenizaba en el pasado las fiestas mayores, o el olor de la brisa del mar, o la escarcha de las mañanas de invierno cosida a las telarañas, o un beso, ese primer beso que se atesora como el más hermoso de los recuerdos.

Pero un día vi caer una lágrima por el rostro ajado de Agustín, mientras se esforzaba por ofrecerme una sonrisa. Olía a pan recién hecho y en el cielo dominaban las densas nubes y en el suelo el rocío. Fue entonces cuando se había acabado el misterioso verano.

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~ por Mirada Intensa en octubre 15, 2008.

Una respuesta to “Relato Corto “Un Verano Misterioso” por Mirada Intensa”

  1. Ahora mi pseudonimo no es “Nhey”, lo he cambiado por “Mirada Intensa”.
    Y he publicado mi primer libro “Mirada Intensa”.

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